miércoles, 14 de abril de 2010

Empequeñeciendo

Tan pequeña se había vuelto que podías encontrarla dentro de una cajita, la misma en la que tiempo atrás había conseguido guardar el miedo que ahora campaba a sus anchas. Una cajita tan pequeña que impedía sentir nada, pues nada más cabía en ella. No había espacio para las lágrimas y tampoco para la risa. No había manera posible de acceder a ella. El miedo se encargaba de ello, pues si algo o alguien lograba encontrar la cajita podrían volver a encerrarlo a él... por eso la escondía con tanto afán, disimulando e intentando no dar ningún paso en falso. No quería volver a ser encerrado, mejor que fuera ella la que se quedara ahí dentro. De todos modos nadie se había dado cuenta, era un experto en controlar la situación. Y mientras tanto ella seguía en ese minúsculo espacio. Se resistió al principio... hasta que decidió que no valía la pena el esfuerzo y se dejó vencer. Fue entonces cuando se hizo tan pequeñita como para que el miedo la pudiera encerrar. Ella misma construyó la cajita, fue ella quien decidió que fuera así de pequeña, así que ahora no se podía quejar. Podría haber seguido luchando, defenderse y hacerse fuerte. Podría haber vencido al miedo como tiempo atrás. Pero está vez se resignó. Quizás estaba cansada de luchar. Quizás no supo como seguir. Quizás necesitaba escapar de la realidad. Y quizás, sólo quizás, algún día pueda salir y volver a luchar.

viernes, 19 de marzo de 2010

Vacío

El despertador hace un rato que dejó de sonar. No me he molestado en apagarlo, sólo he dejado que sonara una y otra vez hasta que se ha cansado o se le han acabado las pilas, no lo sé. Por la ventana se cuelan haces de luz entre la persiana a medio bajar dibujando extrañas sombras en la pared. Alguien ha aporreado la puerta unas cuantas veces, imagino que por culpa del despertador, pero nadie ha contestado y al final ha dejado de insistir. Tumbada boca arriba, con la almohada en los pies, sigo sin poder dormir. Siento los músculos agarrotados después de tantas horas sin cambiar de posición. Ni siquiera me molesté en ponerme el pijama. Por suerte dejé el móvil en silencio descansando en algún bolsillo de alguna chaqueta. Quizás hayas dejado algún mensaje en el contestador, aunque nunca te gustó hablar con él. Cierro los ojos e intento pensar en algo. Normalmente es al contrario, me cuesta dejar la mente en blanco. Pero hoy no hay nada. Sólo vacío. Quizás es que por fin me he cansado de pensar siempre en lo mismo, de dar vueltas una y otra vez a aquello que no tiene solución. Cansancio. Los párpados me pesan y me piden a gritos unas horas de sueño. Las lágrimas se secaron hace tiempo dejando regueros salados en mis mejillas seguro sonrojadas. El ruido de la calle llega distorsionado tras las horas de silencio nocturno. Los coches pasan a cierta velocidad bajo la ventana. Los comercios empiezan a recibir a sus primeros clientes, incluso se puede escuchar el ruido de la taladradora que está arreglando algún desperfecto calle arriba. Y aún así no es más que un ruido de fondo, como si todo estuviera pasado a kilómetros de distancia. Necesito dormir. Intentar descansar. Mañana ya me preocuparé de aquello que he desatendido hoy.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Cuando el no se convirtió en sí...

Me preguntaste cuándo dejé de creer en Peter Pan... fue cuando el no se convirtió en sí. Desde ese momento Peter se quedó en Nunca Jamás y ya no he podido encontrar el camino de vuelta. No creas que te estoy culpando, sólo respondo a tu pregunta. Fui yo la que decidió convertir aquel no en un sí, fui yo la que decidió no hacer caso a la razón, la que ignoró aquella voz que no paraba de repetir "no lo hagas"... pero lo hice, desobedecí la única norma que me había impuesto y decidí saltar al vacío. Y ahora, cuando la tormenta parece que ha pasado y que el mar está en calma, intento encontrar el camino de vuelta... aunque algo me dice que no lo lograré.
Cuando decidí convertir ese largo no en un escueto sí cambié el rumbo de nuestra historia. El argumento principal se vio truncado por la decisión de uno de los protagonistas haciendo que la pluma trazara nuevas lineas sobre el papel, creando borrones de tinta ante la inesperada respuesta argumental. Y fue en uno de esos borrones en los que olvidé cómo volver a Nunca Jamás. No me di cuenta de mi olvido hasta mucho tiempo después, cuando ya era demasiado tarde. He intentado buscar el camino de vuelta muchas veces, pero sólo consigo encontrarme más perdida. Demasiadas cosas cambiaron en el transcurso de unos segundos, los que tomé para decir sí en vez del ya acostumbrado no.
Y ahora, sentada en el acantilado de siempre, espero que salga la luna y contemplo la estrella que nunca volveré a alcanzar, aquella segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Gritar

Gritar al viento y a la nada todo aquello que nunca me permito decir.
Gritar hasta que no quede nada por lo que protestar.
Gritar al vacío y saber que me estás escuchando.
Gritar por nada.
Gritar por todo.
Gritar todo lo que llevo dentro.
Gritar hasta quedarme sin aliento.
Gritar hasta que las olas se lleven los malos momentos.
Gritar de alegría.
Gritar de pena.
Gritar y dejar que me grite el eco...

viernes, 23 de octubre de 2009

Pintura de color

Tirada en la acera de ninguna ciudad veía la vida pasar sin color. La lluvia apenas mojaba y las farolas solo iluminaban aquello que pasaba por debajo. Decidida a perderse deambuló de un lado a otra en busca de alguna pintura de color, pero nunca la encontró. Y ahora que vieja y cansada se queda sentada se da cuenta que la pintura siempre estuvo donde se negó a mirar y aunque sea lo último que haga se pone a pintar llenando la acera de los paisajes que ha recorrido en busca de aquello que ya tenía.

lunes, 16 de febrero de 2009

Saltar

Me despojaste de todas mis armas, poco a poco, casi con delicadeza y ahora me encuentro con tu espada al frente y un acantilado cubriéndome la retaguardia. No tengo miedo de saltar al vacío. Tampoco te tengo miedo a ti ni a tu espada. Lo que me aterra es sentirme acorralada. Si salto saltarás conmigo y si me quedo será la espada la que caiga al vacío. De uno u otro modo la lucha a terminado y mis argumentos han sido derrotados.

Ahora debo enfrentarme a la realidad como aquella niña a la que te empeñas en no olvidar. Volverá la ilusión y llenará los huecos que ha dejado libre la razón. Mis labios se desentumecerán y sonreirán. Volverá el viento a contar con el sonido de mi risa y mis ojos olvidarán cómo llorar. Pero hay algo que debes saber. Esta vez no habrá vuelta atrás. El orgullo que me salvó una vez ya no volverá. He agotado mis recursos en una guerra absurda que pensé me haría más fuerte y que me ha dejado sin nada. No seré capaz de recorrer de nuevo el camino hasta la cima de la montaña ni tampoco me quedarán fuerzas para huir intentando salvar el dolor con la distancia.

Debes entender que llegados a este punto saltar al vacío sería lo más fácil... pero coger el camino fácil es lo que me ha llevado hasta aquí y por una vez he aprendido la lección. Me quedo, asumiendo todo lo que esta decisión conlleva. Dejaré de luchar y encajaré los golpes que vendrán lo mejor que pueda. Dejaré de huir y miraré atrás por primera vez en mucho tiempo. Olvidaré todo aquello que me empujó a seguir este camino y empezaré a trazar uno nuevo.

Ha llegado el momento de asumir los hechos, aunque saltar al vacío es algo que podré hacer en cualquier momento...

domingo, 8 de febrero de 2009

Carta a un desconocido

Y si te digo "te quiero" ¿cambiaría algo? ¿Sería más azul el cielo o más frío el mar? ¿Dejaría acaso de pensar en lo que pude haber hecho y me centraría en seguir adelante?
"Te quiero" no son más que dos palabras en las que imbuimos ciertos sentimientos, pero con sentimientos o sin ellos en el fondo no son más que un par de letras que al final acabarán en el olvido como tantas otras que ya las han precedido. Si tan importante es para ti te las recitaré una y otra vez hasta que te canses de oírlas, pero no me pidas que crea en ellas porque sé que acabarán guardadas y olvidadas en algún cajón y creo que merecemos algo mejor.
Deja que te cuente cómo estuve horas delante del espejo peinándome y cambiándome una y otra vez de ropa la primera vez que fuimos al cine. Y todo para acabar con una coleta, unas deportivas y unos vaqueros. O lo nerviosa que me ponía cuando llegabas tarde hasta que asumí que simplemente la puntualidad no era lo tuyo. Deja que te cuente lo feliz que me hacía que me dedicaras una sonrisa y lo que significaba para mi que respetases mi silencio... Hay cientos de momentos que atesoro en mi memoria y que me hacen sonreír cuando los recuerdo. Y son esos recuerdos los que me hacen levantarme y seguir adelante cuando creo que no puedo más. Saber que vale la pena luchar para poder atesorar muchos más de esos momentos, contemplar el presente y ansiar el futuro sin olvidar el pasado. Porque quiero seguir atesorando momentos que me hagan reír cuando la tristeza haga acto de presencia o la melancolía me acompañe.
Si para ti es tan importante que te diga "te quiero" como lo es para mi seguir contando contigo prometo no olvidarme nunca de despedirme con esas palabras. Ya sea en persona, por teléfono o por carta. Y si alguna vez me despisto y no te lo digo espero sepas perdonar mi olvido.

Te quiero