martes, 29 de junio de 2010

¿Civilización?

De vuelta a la civilización (o así se hace llamar) después de montar tiendas, respirar aire libre de polución, dormir bajo las estrellas y reír a carcajadas. Así debería ser la civilización, feliz.

jueves, 3 de junio de 2010

Felicidad

Porque a pesar de todo ha merecido la pena.
Cuatro años para llegar a hoy...
Gracias a todos los que habéis hecho que sea posible =D


[[Avui només volia contar-t'ho a tu]]

jueves, 27 de mayo de 2010

Pablo Moro

Lo descubrí sentada en lo que a quien quisiera mirar le parecería un escalón cualquiera (y lo hice junto a ti). Con cada acorde, con cada canción, con cada recuerdo... me ha acompañado durante los últimos años, los mismos que llevo aquí... Letras que ya son clásicos para mi, las mismas que aun hoy consiguen emocionarme... y otras que pronto lo serán y que me emocionan igual. Una voz que se crece en directo.

http://www.youtube.com/watch?v=iuaXqXZDWqk (Hoy no podía fallar... aunque no haya sido en directo)

jueves, 13 de mayo de 2010

Sin sentido

Llega y tengo miedo.
Pensé que cuando llegara el momento estarías aquí para darme la mano.
Para hacer que todo fuera más fácil.
Para que no tuviera que enfrentarme a ello sola.
Pero llega y tu no estás.
Y tengo miedo.
Miedo de que no llegues a tiempo para verlo.
Miedo de tener que seguir sola.
Miedo de tener miedo y no hacerlo.
Miedo de no poder mirar atrás y perderte para siempre.
Me siento y espero a que llegues.
No sé si ya estás en camino.
No sé si sabes que llevo esperándote desde hace tiempo.
No sé si vas a llegar a tiempo.
Tiempo.
No recuerdo la última vez que me acordé del tiempo.
Tampoco recuerdo el tiempo que llevo aquí.
Y te espero.
Te espero porque tengo miedo.
Porque no quiero perderme sin haberte dicho cuánto te quiero.
Espero.
Y la espera me desespera.
Intento encontrarte.
Llamarte a gritos si hace falta.
Necesito que llegues a tiempo.
Pero no llegas.
Debo hacerlo.
Al menos te debo eso.
Te lo debo.
Por todas las veces que me has dado la mano.
Por las carcajadas.
Por los silencios.
Por las caricias.
Por los abrazos.
Por el tiempo.
Atrás quedó todo aquello.
Y a mi se me acaba el tiempo.
Ven.
Aun estás a tiempo.
Pero no llegas.
Y yo no puedo esperar más.
Te lo dejo escrito.
Lo escribo y lo guardo donde siempre.
Así podrás encontrarlo.
Ven a buscarlo.
Y si quieres después ven a buscarme a mi.
Prometo tener mil aventuras que contarte.
Prometo no olvidarte.
Lo prometo.
Se acaba el tiempo.
Llega el momento.
Miro atrás y espero encontrarte.
No puedo esperar más.
No sé cuándo tendré otra oportunidad.
No sé si habrá otra oportunidad.
Debo hacerlo.
Ojalá llegues a tiempo...

martes, 11 de mayo de 2010

Porque vale la pena recordarlo

Porque arrugo la nariz cuando me enfado.
Porque hablo estando dormida.
Porque nunca dejo un libro a medias, aunque sólo un buen libro puede hacer que me abstraiga del mundo durante horas o incluso días.
Porque mi piel se pone roja con el más mínimo rayo de sol.
Porque me mareo en el coche.
Porque adoro una buena conversación acompañada de café.
Porque estudio en la biblioteca.
Porque cuando empiezo no puedo parar de reír.
Porque no me importa madrugar.
Porque nunca he encontrado mi punto medio pero tampoco tengo intención de buscarlo.
Porque siempre he querido ir a esa segunda estrella a la derecha y todo recto hasta el amanecer y sé que algún día lo haré.
Porque...

Porque de vez en cuando no viene mal que me recuerdes alguno de esos pequeños detalles que hacen que sea yo... ;)


miércoles, 14 de abril de 2010

Empequeñeciendo

Tan pequeña se había vuelto que podías encontrarla dentro de una cajita, la misma en la que tiempo atrás había conseguido guardar el miedo que ahora campaba a sus anchas. Una cajita tan pequeña que impedía sentir nada, pues nada más cabía en ella. No había espacio para las lágrimas y tampoco para la risa. No había manera posible de acceder a ella. El miedo se encargaba de ello, pues si algo o alguien lograba encontrar la cajita podrían volver a encerrarlo a él... por eso la escondía con tanto afán, disimulando e intentando no dar ningún paso en falso. No quería volver a ser encerrado, mejor que fuera ella la que se quedara ahí dentro. De todos modos nadie se había dado cuenta, era un experto en controlar la situación. Y mientras tanto ella seguía en ese minúsculo espacio. Se resistió al principio... hasta que decidió que no valía la pena el esfuerzo y se dejó vencer. Fue entonces cuando se hizo tan pequeñita como para que el miedo la pudiera encerrar. Ella misma construyó la cajita, fue ella quien decidió que fuera así de pequeña, así que ahora no se podía quejar. Podría haber seguido luchando, defenderse y hacerse fuerte. Podría haber vencido al miedo como tiempo atrás. Pero está vez se resignó. Quizás estaba cansada de luchar. Quizás no supo como seguir. Quizás necesitaba escapar de la realidad. Y quizás, sólo quizás, algún día pueda salir y volver a luchar.

viernes, 19 de marzo de 2010

Vacío

El despertador hace un rato que dejó de sonar. No me he molestado en apagarlo, sólo he dejado que sonara una y otra vez hasta que se ha cansado o se le han acabado las pilas, no lo sé. Por la ventana se cuelan haces de luz entre la persiana a medio bajar dibujando extrañas sombras en la pared. Alguien ha aporreado la puerta unas cuantas veces, imagino que por culpa del despertador, pero nadie ha contestado y al final ha dejado de insistir. Tumbada boca arriba, con la almohada en los pies, sigo sin poder dormir. Siento los músculos agarrotados después de tantas horas sin cambiar de posición. Ni siquiera me molesté en ponerme el pijama. Por suerte dejé el móvil en silencio descansando en algún bolsillo de alguna chaqueta. Quizás hayas dejado algún mensaje en el contestador, aunque nunca te gustó hablar con él. Cierro los ojos e intento pensar en algo. Normalmente es al contrario, me cuesta dejar la mente en blanco. Pero hoy no hay nada. Sólo vacío. Quizás es que por fin me he cansado de pensar siempre en lo mismo, de dar vueltas una y otra vez a aquello que no tiene solución. Cansancio. Los párpados me pesan y me piden a gritos unas horas de sueño. Las lágrimas se secaron hace tiempo dejando regueros salados en mis mejillas seguro sonrojadas. El ruido de la calle llega distorsionado tras las horas de silencio nocturno. Los coches pasan a cierta velocidad bajo la ventana. Los comercios empiezan a recibir a sus primeros clientes, incluso se puede escuchar el ruido de la taladradora que está arreglando algún desperfecto calle arriba. Y aún así no es más que un ruido de fondo, como si todo estuviera pasado a kilómetros de distancia. Necesito dormir. Intentar descansar. Mañana ya me preocuparé de aquello que he desatendido hoy.